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Aureliano Sáinz | La complejidad de la Lengua española

Compruebo que uno de los déficits de los estudiantes que acceden a la Universidad es su escasa formación a la hora de redactar un texto original en el que sean capaces de trasladar sus ideas al campo de la escritura. Esto se debe a su baja relación con la lectura, especialmente su alejamiento del libro, y también por el ascenso de los mensajes cortos que predominan en las redes sociales.


Y si ya tienen carencias en este ámbito, debo añadir el empeño en mi Facultad de algunas profesoras en que escriban con el denominado lenguaje inclusivo, de modo que desglosen constantemente los términos genéricos porque existe la creencia de que todos ellos están expresados en masculino.

Esto conduce a que los escritos de quienes lo hacen sean engorrosos y con los problemas de concordancia entre el sujeto, el verbo y el predicado, puesto que no son conscientes de que pasan de las frases escritas en singular a otras en plural.

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Por ejemplo, si en vez de escribir ‘el niño’ o ‘el profesor’ lo desglosan en ‘el niño o la niña’ y ‘el profesor o la profesora’, no se dan cuenta de que la conjunción ‘o’, en estos casos, es sumativa, por lo que el verbo que les sigue debe aparecer en plural. Distinto sería que tuviera un valor de contraposición entre los géneros indicados, lo que conllevaría a que el resto de la oración continuara en singular.

Les explico que la denominación de lenguaje inclusivo puede entenderse de otro modo, de manera que no es necesario que se vaya comprobando, párrafo a párrafo, si ambos géneros aparecen de manera explícita en lo que han escrito; les insisto que lo mejor es que se hagan visibles o comprensibles, al futuro lector o lectora, dentro del conjunto del mensaje elaborado, lo que conduce a que literariamente no se deteriore aquello que han elaborado textualmente.

En algunas clases, me detengo a explicarles que no es lo mismo los géneros referidos a los sexos masculino y femenino que los géneros gramaticales, dado que todos los sustantivos en nuestra lengua tienen género gramatical, incluso aquellas palabras que aluden a términos abstractos. Les pongo muchos ejemplos: individuo (masculino) y persona (femenino); león (m.) y pantera (f.); olivo (m.) y encina (f.); techo (m.) y pared (f.); acabando con dos palabras conceptuales como son idea (f.) y pensamiento (m.).

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También, les apunto que el español —o el castellano— es de una enorme riqueza y complejidad lingüísticas, por lo que hay que tener un buen dominio del léxico y de su gramática para ser capaces de redactar con suficiente soltura y con la confianza necesaria para saber que literariamente lo que se ha escrito tiene, al menos, un claro interés formal.

“Atended un momento”, les suelo expresar de vez en cuando en la clase, “pues quiero haceros una sencilla pregunta: ¿La palabra ‘clase’ es masculina o femenina?”.

“Por supuesto que es femenina”, me responden al unísono con toda convicción. “Entonces por qué decimos ‘el águila’ en vez de ‘la águila’, tal como se aplica a otras palabras femeninas”, les insisto.

Como el silencio es la respuesta, les manifiesto que con el artículo en masculino se evita la cacofonía; por otro lado, este problema se resuelve si hablamos en plural —las águilas— o con la introducción de un adjetivo en medio del artículo y el nombre —la nueva águila— (aunque, según la RAE, también es correcto decir ‘el nuevo águila’).

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Les aclaro que esto se da si la palabra comienza por una /a/ tónica, como es el ejemplo propuesto; sin embargo, si la palabra es femenina pero no comienza de este modo el género gramatical no se altera. Les pongo varios ejemplos. Uno de ellos es “la abeja”, cuya pronunciación fonética recae en la sílaba /be/.

Sigo con otras cuestiones de tipo similar para que lleguen a comprender que las lenguas o idiomas tienen unas estructuras que aprendemos de pequeños y que no es posible cambiarlas tan fácilmente, como algunos puedan pensar.

De todos modos, y tal como he manifestado al comienzo de este escrito, mi intención es paliar a lo largo del curso algunas de las carencias con las que la mayoría del alumnado accede a unos estudios que les llevarán a ser docentes, es decir, profesores y profesoras que deben escribir son suficiente soltura y corrección, pues sobre ellos recaerá la difícil tarea de formar a las siguientes generaciones, que con toda seguridad necesitarán un buen sistema educativo que contrarreste la presión de las tecnologías que dominan el panorama social.

AURELIANO SÁINZ
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL

EVA LARA - ASESORA PERSONAL INMOBILIARIA

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