Bajo el cielo luminoso de Montilla, cuando el rigor veraniego tiñe los viñedos de reflejos dorados y la llegada de septiembre marca el pulso de la cosecha, Bodegas Robles ha convertido su vendimia ecológica en un relato femenino que honra la tierra y preserva la esencia del vino de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles.
Cada racimo que llega a la bodega no solo habla de tradición: también de innovación y compromiso. El peso de casi un siglo de historia no ha impedido que esta empresa familiar mire hacia adelante con determinación. Y es que, desde su fundación en 1927, la familia Robles ha sabido custodiar en cada botella el carácter único del terruño.
Sin embargo, hubo un momento que marcó un antes y un después en esta empresa: a finales de los años noventa, la tercera generación apostó por la sostenibilidad como eje estratégico. Fue entonces cuando comenzó un viaje que convertiría a la bodega montillana en pionera en la producción de vinos ecológicos en Andalucía.
En 2001, Bodegas Robles elaboró el primer vino ecológico con Denominación de Origen Protegida en Andalucía. Desde entonces, la filosofía ha sido clara: reducir, reutilizar y reciclar. Incorporar energías renovables. Proteger el suelo mediante cubiertas vegetales que conservan la biodiversidad. Medir y certificar la huella de carbono para garantizar un impacto mínimo en el entorno. No es una estrategia de marketing: es una forma de entender la vida.
“Cuanto más cuidamos la tierra, mejores son nuestros vinos y más respetamos nuestras raíces”, señala Rocío Márquez, directora técnica y enóloga. Sus palabras condensan el espíritu que late en cada decisión de la bodega. Un espíritu que, además, ha merecido reconocimientos tan importantes como el Premio BBVA al Mejor Producto Sostenible de España 2024, el Premio Enoturismo “Rutas del Vino de España” 2016 o el Premio Alimentos de España 2014.
Pero en esta historia, además, hay cinco nombres que merecen luz propia. Porque si algo caracteriza a Bodegas Robles es que su vendimia ecológica se escribe en femenino. Pilar Robles Rubio, responsable de Logística, es la encargada de asegurar de que todo funcione con precisión, de que la uva llegue en el momento justo y en las condiciones óptimas para conservar la calidad que desde siempre han distinguido los vinos y vinagres ecológicos de esta firma montillana.
En el corazón técnico de la empresa se encuentra Rocío Márquez Ortega. Su conocimiento y su pasión por la agricultura ecológica han marcado el camino. De hecho, no solo dirige la elaboración de vinos y vinagres de alta calidad, sino que también ha impulsado proyectos que trascienden la bodega, como el Concurso Internacional de Vinos Ecológicos EcoRacimo o la Asociación Vinavin, que fundó hace más de una década para dar voz al vino y al vinagre en España.
A ellas se suma Pilar Guerrero Roldán, que desde el área de Exportación ha logrado que el sello de Bodegas Robles viaje más allá de las fronteras, manteniendo intacta la identidad de los vinos y vinagres. Y, tras los números, al frente del Departamento de Contabilidad, Otilia Aceituno García aporta rigor y equilibrio, consciente de que la sostenibilidad también se asienta en una gestión financiera responsable.
De igual modo, destaca la labor de Rosa Gálvez Carrasquilla, reponsable de limpieza, tarea especialmente exigente teniendo en cuenta el elevado número de visitas que recibe la bodega a lo largo del año y los exhaustivos controles que afronta cualquier industria agroalimentaria. Cinco mujeres con cinco responsabilidades distintas pero con un objetivo común: preservar la esencia de una bodega que apuesta por la calidad, la identidad y la igualdad de oportunidades.
La vendimia no es solo un proceso agrícola que se repite cada año. Es un tiempo de intensidad y de precisión, de madrugadas entre liños de cepas y de decisiones que se toman al ritmo que marca la naturaleza. En Bodegas Robles, cada gesto está cargado de significado: cortar la uva en el momento exacto; evitar que el calor del mediodía altere la calidad; transportar con rapidez y cuidado cada racimo hasta la bodega para iniciar la elaboración de los mostos.
Ese cuidado se extiende a todo el ciclo, porque la filosofía de Robles no termina en la viña. Continúa en la bodega, donde la innovación tecnológica convive con la sabiduría heredada de generaciones anteriores. El resultado son vinos que hablan de origen, que expresan la singularidad de Montilla-Moriles y que reflejan el respeto por el entorno.
Pero el papel de Bodegas Robles trasciende lo comercial. Es un espejo en el que se miran muchas empresas del sector agroalimentario andaluz. Un modelo que demuestra que es posible crecer sin renunciar a la sostenibilidad, a la calidad y a la igualdad. Porque no se trata solo de elaborar vino: se trata de escribir un futuro en el que la tierra y las personas importen tanto como el resultado final.
En esa ecuación, las mujeres no son una nota al pie. Son protagonistas. De la vendimia que da origen a cada botella. De la estrategia que proyecta la bodega al mundo. De la gestión que garantiza que este legado siga vivo. Y, por todo ello, una certeza recorre los viñedos cada vendimia: cuando el respeto guía cada paso, el vino sabe mejor. Y en Bodegas Robles, ese respeto se escribe con nombre de mujer.
Cada racimo que llega a la bodega no solo habla de tradición: también de innovación y compromiso. El peso de casi un siglo de historia no ha impedido que esta empresa familiar mire hacia adelante con determinación. Y es que, desde su fundación en 1927, la familia Robles ha sabido custodiar en cada botella el carácter único del terruño.
Sin embargo, hubo un momento que marcó un antes y un después en esta empresa: a finales de los años noventa, la tercera generación apostó por la sostenibilidad como eje estratégico. Fue entonces cuando comenzó un viaje que convertiría a la bodega montillana en pionera en la producción de vinos ecológicos en Andalucía.
En 2001, Bodegas Robles elaboró el primer vino ecológico con Denominación de Origen Protegida en Andalucía. Desde entonces, la filosofía ha sido clara: reducir, reutilizar y reciclar. Incorporar energías renovables. Proteger el suelo mediante cubiertas vegetales que conservan la biodiversidad. Medir y certificar la huella de carbono para garantizar un impacto mínimo en el entorno. No es una estrategia de marketing: es una forma de entender la vida.
“Cuanto más cuidamos la tierra, mejores son nuestros vinos y más respetamos nuestras raíces”, señala Rocío Márquez, directora técnica y enóloga. Sus palabras condensan el espíritu que late en cada decisión de la bodega. Un espíritu que, además, ha merecido reconocimientos tan importantes como el Premio BBVA al Mejor Producto Sostenible de España 2024, el Premio Enoturismo “Rutas del Vino de España” 2016 o el Premio Alimentos de España 2014.
Mujeres que sostienen la esencia de la vendimia
Pero en esta historia, además, hay cinco nombres que merecen luz propia. Porque si algo caracteriza a Bodegas Robles es que su vendimia ecológica se escribe en femenino. Pilar Robles Rubio, responsable de Logística, es la encargada de asegurar de que todo funcione con precisión, de que la uva llegue en el momento justo y en las condiciones óptimas para conservar la calidad que desde siempre han distinguido los vinos y vinagres ecológicos de esta firma montillana.
En el corazón técnico de la empresa se encuentra Rocío Márquez Ortega. Su conocimiento y su pasión por la agricultura ecológica han marcado el camino. De hecho, no solo dirige la elaboración de vinos y vinagres de alta calidad, sino que también ha impulsado proyectos que trascienden la bodega, como el Concurso Internacional de Vinos Ecológicos EcoRacimo o la Asociación Vinavin, que fundó hace más de una década para dar voz al vino y al vinagre en España.
A ellas se suma Pilar Guerrero Roldán, que desde el área de Exportación ha logrado que el sello de Bodegas Robles viaje más allá de las fronteras, manteniendo intacta la identidad de los vinos y vinagres. Y, tras los números, al frente del Departamento de Contabilidad, Otilia Aceituno García aporta rigor y equilibrio, consciente de que la sostenibilidad también se asienta en una gestión financiera responsable.
De igual modo, destaca la labor de Rosa Gálvez Carrasquilla, reponsable de limpieza, tarea especialmente exigente teniendo en cuenta el elevado número de visitas que recibe la bodega a lo largo del año y los exhaustivos controles que afronta cualquier industria agroalimentaria. Cinco mujeres con cinco responsabilidades distintas pero con un objetivo común: preservar la esencia de una bodega que apuesta por la calidad, la identidad y la igualdad de oportunidades.
Cuando la vendimia es mucho más que un trabajo
La vendimia no es solo un proceso agrícola que se repite cada año. Es un tiempo de intensidad y de precisión, de madrugadas entre liños de cepas y de decisiones que se toman al ritmo que marca la naturaleza. En Bodegas Robles, cada gesto está cargado de significado: cortar la uva en el momento exacto; evitar que el calor del mediodía altere la calidad; transportar con rapidez y cuidado cada racimo hasta la bodega para iniciar la elaboración de los mostos.
Ese cuidado se extiende a todo el ciclo, porque la filosofía de Robles no termina en la viña. Continúa en la bodega, donde la innovación tecnológica convive con la sabiduría heredada de generaciones anteriores. El resultado son vinos que hablan de origen, que expresan la singularidad de Montilla-Moriles y que reflejan el respeto por el entorno.
Pero el papel de Bodegas Robles trasciende lo comercial. Es un espejo en el que se miran muchas empresas del sector agroalimentario andaluz. Un modelo que demuestra que es posible crecer sin renunciar a la sostenibilidad, a la calidad y a la igualdad. Porque no se trata solo de elaborar vino: se trata de escribir un futuro en el que la tierra y las personas importen tanto como el resultado final.
En esa ecuación, las mujeres no son una nota al pie. Son protagonistas. De la vendimia que da origen a cada botella. De la estrategia que proyecta la bodega al mundo. De la gestión que garantiza que este legado siga vivo. Y, por todo ello, una certeza recorre los viñedos cada vendimia: cuando el respeto guía cada paso, el vino sabe mejor. Y en Bodegas Robles, ese respeto se escribe con nombre de mujer.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: BODEGAS ROBLES / JOSÉ ANTONIO AGUILAR
FOTOGRAFÍA: BODEGAS ROBLES / JOSÉ ANTONIO AGUILAR







































