La España de 1813 era un desastre. Se vivían los estertores de la Guerra de Independencia y Fernando VII, el Deseado, seguía comiendo pipas en Valençay. Había un régimen liberal sobre el papel, amparado por la Constitución de 1812, y en las provincias se vivía un ambiente de cambio.
En la Granada de aquella época vivió un periodista canario de ascendencia francesa —el pobre lo tenía todo—, Pedro Cayetano Lenard Fonte. Poco sabemos de él, aunque parece que durante la guerra pesó sobre él la injusta acusación de ser afrancesado.
El 1 de abril de 1813, nuestro buen hombre tiene la ocurrencia de sacar un periódico: Diario Crítico y Erudito de Granada: verdad y libertad. Su postura es liberal moderada, es decir, se queda en la calle del medio en un momento en el que los ánimos estaban exaltados.
El 5 de junio, nuestro protagonista es vapuleado en las calles de la Ciudad de la Alhambra tras criticar el supuesto “afeminamiento” de ciertos oficiales —no nos escandalicemos, lectores woke: estamos en el siglo XIX y cerrando una guerra sangrienta—. El asunto fue sonado y, de hecho, existen referencias a ello en publicaciones de todo el país. Pero no sólo le atacaron militares y conservadores.
Primera página del 'Diario Crítico y Erudito de Granada' (29/04/1813).
[FUENTE: BIBLIOTECA DIGITAL DE ANDALUCÍA]
Su postura moderada lo vuelve blanco de los liberales exaltados, que llevan a cabo una campaña de desprestigio contra su persona. Otra publicación granadina, El Publicista, lo ataca sin que las justificaciones de nuestro pobre Fonte sirvan para lo más mínimo. Así, Fonte se lamenta: “[…] siendo de notar que aun aquellos mismos que nos han estimulado á escribir sobre ciertos puntos, se han convertido después es nuestros mayores perseguidores”.
El Diario Crítico y Erudito de Granada cierra el 31 de julio de 1813 tras publicar 122 números. Todo tiene un límite y Fonte ya no puede aguantar la presión: destaca que no volvería a publicar hasta que hubiera “verdadera libertad de imprenta en Granada”.
La historia se mueve en espiral. Por eso parece que una y otra vez volvemos a vivir las mismas historias, los mismos amores y, también, los mismos desprecios, pero con sus propios matices. Dicen que son malos tiempos para el periodismo. Sin embargo, nunca los he conocido buenos. No para el crítico, al menos.
Haereticus dixit
En la Granada de aquella época vivió un periodista canario de ascendencia francesa —el pobre lo tenía todo—, Pedro Cayetano Lenard Fonte. Poco sabemos de él, aunque parece que durante la guerra pesó sobre él la injusta acusación de ser afrancesado.
El 1 de abril de 1813, nuestro buen hombre tiene la ocurrencia de sacar un periódico: Diario Crítico y Erudito de Granada: verdad y libertad. Su postura es liberal moderada, es decir, se queda en la calle del medio en un momento en el que los ánimos estaban exaltados.
El 5 de junio, nuestro protagonista es vapuleado en las calles de la Ciudad de la Alhambra tras criticar el supuesto “afeminamiento” de ciertos oficiales —no nos escandalicemos, lectores woke: estamos en el siglo XIX y cerrando una guerra sangrienta—. El asunto fue sonado y, de hecho, existen referencias a ello en publicaciones de todo el país. Pero no sólo le atacaron militares y conservadores.
[FUENTE: BIBLIOTECA DIGITAL DE ANDALUCÍA]
Su postura moderada lo vuelve blanco de los liberales exaltados, que llevan a cabo una campaña de desprestigio contra su persona. Otra publicación granadina, El Publicista, lo ataca sin que las justificaciones de nuestro pobre Fonte sirvan para lo más mínimo. Así, Fonte se lamenta: “[…] siendo de notar que aun aquellos mismos que nos han estimulado á escribir sobre ciertos puntos, se han convertido después es nuestros mayores perseguidores”.
El Diario Crítico y Erudito de Granada cierra el 31 de julio de 1813 tras publicar 122 números. Todo tiene un límite y Fonte ya no puede aguantar la presión: destaca que no volvería a publicar hasta que hubiera “verdadera libertad de imprenta en Granada”.
La historia se mueve en espiral. Por eso parece que una y otra vez volvemos a vivir las mismas historias, los mismos amores y, también, los mismos desprecios, pero con sus propios matices. Dicen que son malos tiempos para el periodismo. Sin embargo, nunca los he conocido buenos. No para el crítico, al menos.
Haereticus dixit
RAFAEL SOTO ESCOBAR
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL
ILUSTRACIÓN: ANDALUCÍA DIGITAL







































