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Aureliano Sáinz | Los jóvenes y la creatividad

Siempre me ha parecido que los certámenes destinados a la gente joven, en cualquier disciplina, en los que se estimula la creatividad son iniciativas muy positivas, dado que el desarrollo de factores como la imaginación, la fantasía, la destreza y el talento ayudan a la consolidación de la identidad personal.


En este sentido, anualmente, en la semana anterior a la Semana Santa, en Alburquerque se celebra el Concurso de Narraciones Cortas que lleva el nombre del escritor Luis Landero. En ella pueden participar estudiantes de bachillerato de cualquier punto de nuestro país. Así, en la última edición, que hacía la número treinta y seis, el primer premio recayó por primera vez en un joven alburquerqueño, Alonso Telo, alumno del Instituto Castillo de Luna, quien había participado en otras tres ocasiones, según nos contaba.

Quisiera apuntar que Luis Landero nació en Alburquerque en el mismo año y en la misma calle que quien esto firma, por lo que nos conocemos desde que somos niños, al tiempo que todos los espacios y rincones de la villa de la villa forman parte de nuestra memoria más lejana. Por otro lado, no creo necesario hacer una síntesis de los reconocimientos que Landero ha tenido como novelista; basta indicar que en 2022 fue Premio Nacional de las Letras Españolas.


En corta intervención de agradecimiento por parte de quien fue premiado, escuché, un tanto sorprendido, su alusión a la ‘creatividad’. Y digo sorprendido porque me parece que es la primera vez que se la oigo a un adolescente, lo que puede resultar un tanto extraño, dado que el próximo curso cumpliré cincuenta años como profesor de la Universidad de Córdoba, por lo que la mayor parte de mi vida he estado en conexión con gente joven.

Además, esa palabra ha formado parte de mi lenguaje educativo, puesto que cuando me inicié como docente cayó en mis manos un magnífico libro que siempre cito: Desarrollo de la capacidad creadora, del psicólogo austríaco Viktor Lowenfeld.

Brevemente, quisiera apuntar que Lowenfeld, nacido en 1903, estudió Psicología y Arte, lo que le llevó en a sus inicios trabajar con niños ciegos en Viena. Puesto que era judío, cuando los nazis invadieron Austria en 1938 decidió abandonar su país para recabar en Estados Unidos, donde recibió la nacionalidad tras, en 1945, ser nombrado presidente de educación artística en la Universidad Estatal de Pensilvania, posición que ocuparía hasta su muerte, a la edad de 57 años.

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La publicación de la obra citada cambió radicalmente la enseñanza de la educación artística con niños y adolescentes, ya que sostenía —algo que yo siempre he defendido— que todos los seres humanos nacemos con capacidades creativas y de lo que se trata es de fomentarlas en el proceso educativo. Se rebelaba, pues, contra esa enseñanza memorística tan presente en las aulas, algo que, por desgracia, continúa en nuestros días.

Sigo con la convicción de que todos tenemos capacidades creativas, sea en las artes o en cualquiera de múltiples facetas de la vida. Todas las actividades, todos los trabajos bien hechos, suponen una aportación para uno mismo o para la sociedad. En el fondo, es la búsqueda de la belleza que necesitamos para hacer más gratas nuestras vidas. Así, desde el modesto artesano que cincela con sus manos hasta el afamado músico, pintor o escritor, necesitan de su afán de crear algo nuevo donde plasmar las ideas que previamente se han afianzado en sus mentes.

Para extenderme, quisiera centrarme en el hecho concreto que ha dado lugar a que en la fotografía que ilustra este escrito aparezca un muchacho junto a Luis Landero, que, por sus edades, representan dos épocas distintas. El más joven, un tiempo en el que las tecnologías digitales forman ya parte de su presente y su futuro; mientras que el mundo literario del consagrado escritor está impregnado de la cultura oral dominante en su infancia, cultura en gran medida desaparecida, pero que ha sido un claro referente de su mundo creativo.

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Ambos dos reivindican en valor de la palabra escrita, en un tiempo en el que la imagen se ha hecho obsesiva. Y lamento tener que decir esto, dado que, en mi caso, siempre he trabajado con imágenes…, pero desde un punto de vista creativo.

Imagino, finalmente, que para el último galardonado en este premio, tan significativo entre los cientos de estudiantes de bachillerato que a lo largo de los años han participado en este certamen de narraciones breves, habrá sido un verdadero honor este reconocimiento, que le servirá como aliciente para penetrar en ese amplio, complicado y fabuloso mundo que es la Literatura.

AURELIANO SÁINZ
FOTOGRAFÍA: FRANCIS NEGRETE

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