Ir al contenido principal

Carlos Serrano | Un andaluz en la corte de Aragón

Las pertenencias, guardadas en cajas de cartón marrón, se acumulaban por todas las estancias del piso. Alguien había dicho, erróneamente, que el saber no ocupa lugar. Aquella estampa de maletas, bolsas, desorden y libros se empeñaba en desmentirlo. Era una ciudad nueva; se abría una puerta, y la ilusión brotaba por todos los rincones de la vivienda recién habitada.


Hacía falta colocarlo todo. Hacían falta muebles, orden, costumbre. Pero las posibilidades que se desplegaban ante él resultaban prometedoras. Su amado sur quedaba atrás, y el cierzo le daba la bienvenida junto al vermú de los domingos. La Basílica del Pilar miraba de reojo a la Catedral de la Seo, como si ambas compitieran por ser la primera visita en aquellas caminatas diarias por la Zaragoza no afrancesada. No era Jerez. Tampoco Sevilla. Pero no hacía falta que lo fuese. La ciudad invitaba a quedarse, siempre que uno supiera corresponder a su hospitalidad.

En los escasos meses que llevaba recorriendo sus calles, se había sorprendido a sí mismo repitiendo una liturgia inesperada: cruzar el Puente de Piedra y volver la vista atrás para regalarse, una vez más, aquella panorámica. La Basílica custodiaba al Ebro, que corría con una prisa casi humana. Observando su curso, cayó en la cuenta de que últimamente pensaba demasiado en el futuro; múltiples cuestiones golpeaban su cabeza como los tambores de la Semana Santa. También el río parecía apremiado por alcanzar su destino final: el mar Mediterráneo.

BODEGAS ROBLES - VINOS COMPROMETIDOS CON SU TIERRA

Quizá fuera el peso de aquella ciudad que prefirió reducirse a cenizas antes que entregarse a los ejércitos de Napoleón. O quizá no hubiera que descartar una temprana crisis de los cuarenta. Aunque, con los tiempos que corren, ¿qué edad no arrastra ya su propia crisis? El hecho incontrovertible era otro: Zaragoza invitaba a quedarse. Empezaba a cansarle la inercia de ir corriendo de un lado a otro, de tener que cruzar media ciudad para llegar a otro campus. A veces, incluso, de subirse a toda prisa a un taxi para no perder un tren que lo llevase a otra ciudad en la que continuar su labor docente.

Después de unos años de errancia, tocaba levantar un campamento base. No habría sabido explicar del todo los motivos, pero sentía, con cada recoveco descubierto en sus paseos, la necesidad de ponerse al día con los clásicos. Sus lecturas oscilaban entre la exigencia académica y una urgencia más íntima: la de recuperar un tiempo que, acaso, creía perdido. Le quedaban las últimas páginas de Los hermanos Karamázov, de Dostoyevski, y ya acechaba, con el rabillo del ojo, la portada de Los miserables, de Víctor Hugo.

Esperaba también poder pulir, antes de que viera la luz, aquel libro de relatos, y seguir abriendo camino al nuevo poemario. Ya había emborronado algunas páginas de un cuaderno minúsculo mientras apuraba una cerveza servida en copa en una de las muchas terrazas del casco histórico. Se sabía inspirado, y no quería que aquella sensación se disipara. En parte dependía de él. Aunque había factores que escapaban a su control, esperaba de todos ellos una cierta benevolencia.

ACEITES BELLIDO · MUSEO DEL ACEITE JUAN COLÍN - MONTILLA (CÓRDOBA)

No podía ignorarse que la primavera favorecía aquellos cambios y alimentaba el optimismo reinante. En apenas unos meses llegaría el verano y, con él, las más que merecidas vacaciones; entonces tocaría hacer balance y comprobar si, finalmente, el nuevo destino había estado a la altura de las expectativas. Hasta entonces, continuarían los paseos, la escritura y la cita constante con los clásicos.

No faltarían tampoco las jarras de cerveza, generosas y heladas, ni el vermú. Y, por encima de todo, convenía no meter la pata dándole demasiadas vueltas a asuntos que ni siquiera habían entrado aún en el tablero de ajedrez en que, por aquellos días, se había convertido su vida.

CARLOS SERRANO MARTÍN
FOTOGRAFÍA: DEPOSITPHOTOS.COM

BODEGAS ALVEAR - EVENTOS CORPORATIVOS - BODAS - CELEBRACIONES

SUMINISTROS AGRÍCOLAS LUQUE - MONTILLA


© 2020 Andalucía Digital · Quiénes somos | diarioandaluciadigital@gmail.com

Designed by Open Themes & Nahuatl.mx.