La cuadragésima edición de la Cata del Vino Montilla-Moriles cerró ayer sus puertas en la Avenida del Alcázar de Córdoba con un balance positivo por parte del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles, así como de las bodegas, las cooperativas y los establecimientos hosteleros participantes, que destacaron la mejora organizativa del evento y la agilidad del nuevo formato en una edición marcada también por las críticas de varios colectivos del sector.
La cita, especialmente simbólica al alcanzar su edición número cuarenta, concluyó con una valoración favorable por parte de los operadores presentes, que subrayaron la madurez del modelo adoptado en los últimos años. Según el balance trasladado por el Consejo Regulador, la Cata experimentó mejoras significativas en la organización general, en la fluidez del servicio y en la experiencia ofrecida tanto al público asistente como a los profesionales vinculados al sector.
En ese sentido, el gerente del Consejo Regulador, Enrique Garrido, señaló que la cuadragésima edición de la Cata del Vino Montilla-Moriles “ha cerrado sus puertas dejando un balance ampliamente positivo por parte de bodegas, cooperativas y establecimientos hosteleros participantes, consolidando un modelo de evento más ágil, eficiente y alineado con los objetivos de promoción, rentabilidad y proyección de la Denominación de Origen”.
Además, desde el sector bodeguero se puso de relieve la notable mejora en la operativa diaria del evento. La práctica ausencia de colas, la mayor comodidad para el visitante y la buena aceptación de las decisiones adoptadas por la organización contribuyeron, según el balance final ofrecido ayer tarde por el Consejo Regulador, a generar un clima de confianza y normalidad durante los días de celebración de la Cata.
Por otro lado, la implantación del sistema de cobro directo por parte de las bodegas fue valorada como un acierto, al permitir una gestión más ágil, transparente y eficiente. Este aspecto, unido a un formato con un número más ajustado de participantes, fue interpretado por las bodegas presentes como una vía para favorecer la calidad del evento y su sostenibilidad a largo plazo.
En términos comerciales, las bodegas participantes coincidieron en señalar que la XL Cata del Vino ha resultado "muy positiva". A juicio del Consejo Regulador, el nuevo equilibrio organizativo permitió reforzar la idea de que un formato más contenido puede facilitar una atención más cuidada al público y una mejor rentabilidad para los operadores. En ese marco, los productos novedosos se consolidaron como propuestas con gran aceptación entre los asistentes, mientras que los vinos generosos continuaron siendo los más valorados y reconocidos por el público.
Según defendió ayer Enrique Garrido a través de un comunicado, “la XL Cata del Vino Montilla-Moriles ha superado las expectativas iniciales, proyectando una imagen de fortaleza, cohesión y confianza que refleja fielmente el momento actual de la Denominación de Origen Montilla-Moriles y la solidez de su tejido productivo”.
De igual modo, desde el sector de la hostelería se realizó una lectura igualmente positiva de la edición clausurada ayer. Los establecimientos participantes subrayaron el buen funcionamiento global del evento y el perfil del visitante, cada vez más interesado en conocer los vinos del marco, disfrutar de una experiencia enogastronómica de calidad y hacerlo desde un consumo responsable y ordenado.
Además, el Consejo Regulador incidió en que la Cata volvió a ponerse al servicio de la promoción territorial, reforzando el vínculo entre vino, patrimonio y gastronomía. En esa línea, el evento se presentó como un escaparate del trabajo de miles de familias que viven del vino y como un motor económico y cultural para el conjunto del territorio amparado por la DOP Montilla-Moriles.
No obstante, la cuadragésima edición de la Cata del Vino no ha estado exenta de polémica. En el arranque de la Cata, tal y como avanzó Montilla Digital, la Asociación Cultural Vino en Rama, el Colectivo VitiVinum y la Asociación de Bodegas de Moriles difundieron un comunicado conjunto en el que criticaron la baja participación de bodegas y la ausencia de lagares o cooperativas de Moriles en una edición que, finalmente, solo reunió a diez bodegas y cinco establecimientos de restauración.
Los colectivos firmantes del comunicado calificaron de “sorprendente” que una cita de esta relevancia se celebrara “bajo una representación tan limitada y desequilibrada”. A su juicio, la presencia de apenas diez bodegas, frente a los 54 operadores del marco Montilla-Moriles, evidenciaba “una reducción preocupante en la implicación del sector” y ponía en cuestión la capacidad del evento para reflejar “la verdadera riqueza y diversidad de la Denominación de Origen”.
En ese mismo comunicado, las entidades firmantes pusieron también el acento en la ausencia de bodegas del municipio de Moriles, una circunstancia que, según defendieron, “no es un simple detalle anecdótico, sino una incoherencia de fondo que desvirtúa la esencia misma de la Cata”.
Según la versión trasladada por Vino en Rama, el entorno en el que se desarrolla el evento dificulta que los elaboradores puedan explicar sus productos con detalle, transmitir conocimiento o establecer relaciones comerciales de calidad. De ahí que el colectivo sostenga que “no se trata de vender vino de forma apresurada en cuatro días, sino de posicionar nuestros productos durante todo el año”, una idea con la que reclama un giro en la estrategia promocional.
Frente a ese diagnóstico crítico, el balance final difundido ayer tras la clausura una lectura muy distinta por parte de los participantes en la Cata, entre las que destacaron firmas como Bodegas Pérez Barquero, Cooperativa Agrícola La Unión, Bodegas Alvear, Bodegas La Aurora o Bodegas Navarro.
El Consejo Regulador volvió a reiterar ayer el compromiso de todas las bodegas, cooperativas y establecimientos presentes, así como el apoyo de las administraciones públicas y entidades colaboradoras, y reafirmó su voluntad de seguir perfeccionando este modelo en futuras ediciones.
Enrique Garrido manifestó que “la XL Cata ha vuelto a ponerse al servicio de la promoción territorial, reforzando el vínculo entre vino, patrimonio y gastronomía, y proyectando una imagen moderna y coherente del sector vitivinícola de Montilla-Moriles”. Asimismo, defendió que se trata de “un evento que no solo cumple una función promocional, sino que actúa como escaparate del trabajo de miles de familias que viven del vino y como motor económico y cultural del territorio”.
Con esa doble lectura, la cuadragésima edición de la Cata del Vino Montilla-Moriles cerró ayer una convocatoria de especial carga simbólica: por un lado, con la satisfacción expresada por el Consejo Regulador, las bodegas y la hostelería participantes; por otro, con el debate abierto en torno a la representatividad, la participación y el modelo de promoción de una cita que, cuatro décadas después de su nacimiento, continúa ocupando un lugar central en la proyección pública de los vinos de Montilla-Moriles.
La cita, especialmente simbólica al alcanzar su edición número cuarenta, concluyó con una valoración favorable por parte de los operadores presentes, que subrayaron la madurez del modelo adoptado en los últimos años. Según el balance trasladado por el Consejo Regulador, la Cata experimentó mejoras significativas en la organización general, en la fluidez del servicio y en la experiencia ofrecida tanto al público asistente como a los profesionales vinculados al sector.
En ese sentido, el gerente del Consejo Regulador, Enrique Garrido, señaló que la cuadragésima edición de la Cata del Vino Montilla-Moriles “ha cerrado sus puertas dejando un balance ampliamente positivo por parte de bodegas, cooperativas y establecimientos hosteleros participantes, consolidando un modelo de evento más ágil, eficiente y alineado con los objetivos de promoción, rentabilidad y proyección de la Denominación de Origen”.
Además, desde el sector bodeguero se puso de relieve la notable mejora en la operativa diaria del evento. La práctica ausencia de colas, la mayor comodidad para el visitante y la buena aceptación de las decisiones adoptadas por la organización contribuyeron, según el balance final ofrecido ayer tarde por el Consejo Regulador, a generar un clima de confianza y normalidad durante los días de celebración de la Cata.
Por otro lado, la implantación del sistema de cobro directo por parte de las bodegas fue valorada como un acierto, al permitir una gestión más ágil, transparente y eficiente. Este aspecto, unido a un formato con un número más ajustado de participantes, fue interpretado por las bodegas presentes como una vía para favorecer la calidad del evento y su sostenibilidad a largo plazo.
En términos comerciales, las bodegas participantes coincidieron en señalar que la XL Cata del Vino ha resultado "muy positiva". A juicio del Consejo Regulador, el nuevo equilibrio organizativo permitió reforzar la idea de que un formato más contenido puede facilitar una atención más cuidada al público y una mejor rentabilidad para los operadores. En ese marco, los productos novedosos se consolidaron como propuestas con gran aceptación entre los asistentes, mientras que los vinos generosos continuaron siendo los más valorados y reconocidos por el público.
Según defendió ayer Enrique Garrido a través de un comunicado, “la XL Cata del Vino Montilla-Moriles ha superado las expectativas iniciales, proyectando una imagen de fortaleza, cohesión y confianza que refleja fielmente el momento actual de la Denominación de Origen Montilla-Moriles y la solidez de su tejido productivo”.
De igual modo, desde el sector de la hostelería se realizó una lectura igualmente positiva de la edición clausurada ayer. Los establecimientos participantes subrayaron el buen funcionamiento global del evento y el perfil del visitante, cada vez más interesado en conocer los vinos del marco, disfrutar de una experiencia enogastronómica de calidad y hacerlo desde un consumo responsable y ordenado.
Además, el Consejo Regulador incidió en que la Cata volvió a ponerse al servicio de la promoción territorial, reforzando el vínculo entre vino, patrimonio y gastronomía. En esa línea, el evento se presentó como un escaparate del trabajo de miles de familias que viven del vino y como un motor económico y cultural para el conjunto del territorio amparado por la DOP Montilla-Moriles.
Críticas al Consejo Regulador
No obstante, la cuadragésima edición de la Cata del Vino no ha estado exenta de polémica. En el arranque de la Cata, tal y como avanzó Montilla Digital, la Asociación Cultural Vino en Rama, el Colectivo VitiVinum y la Asociación de Bodegas de Moriles difundieron un comunicado conjunto en el que criticaron la baja participación de bodegas y la ausencia de lagares o cooperativas de Moriles en una edición que, finalmente, solo reunió a diez bodegas y cinco establecimientos de restauración.
Los colectivos firmantes del comunicado calificaron de “sorprendente” que una cita de esta relevancia se celebrara “bajo una representación tan limitada y desequilibrada”. A su juicio, la presencia de apenas diez bodegas, frente a los 54 operadores del marco Montilla-Moriles, evidenciaba “una reducción preocupante en la implicación del sector” y ponía en cuestión la capacidad del evento para reflejar “la verdadera riqueza y diversidad de la Denominación de Origen”.
En ese mismo comunicado, las entidades firmantes pusieron también el acento en la ausencia de bodegas del municipio de Moriles, una circunstancia que, según defendieron, “no es un simple detalle anecdótico, sino una incoherencia de fondo que desvirtúa la esencia misma de la Cata”.
Según la versión trasladada por Vino en Rama, el entorno en el que se desarrolla el evento dificulta que los elaboradores puedan explicar sus productos con detalle, transmitir conocimiento o establecer relaciones comerciales de calidad. De ahí que el colectivo sostenga que “no se trata de vender vino de forma apresurada en cuatro días, sino de posicionar nuestros productos durante todo el año”, una idea con la que reclama un giro en la estrategia promocional.
Frente a ese diagnóstico crítico, el balance final difundido ayer tras la clausura una lectura muy distinta por parte de los participantes en la Cata, entre las que destacaron firmas como Bodegas Pérez Barquero, Cooperativa Agrícola La Unión, Bodegas Alvear, Bodegas La Aurora o Bodegas Navarro.
El Consejo Regulador volvió a reiterar ayer el compromiso de todas las bodegas, cooperativas y establecimientos presentes, así como el apoyo de las administraciones públicas y entidades colaboradoras, y reafirmó su voluntad de seguir perfeccionando este modelo en futuras ediciones.
Enrique Garrido manifestó que “la XL Cata ha vuelto a ponerse al servicio de la promoción territorial, reforzando el vínculo entre vino, patrimonio y gastronomía, y proyectando una imagen moderna y coherente del sector vitivinícola de Montilla-Moriles”. Asimismo, defendió que se trata de “un evento que no solo cumple una función promocional, sino que actúa como escaparate del trabajo de miles de familias que viven del vino y como motor económico y cultural del territorio”.
Con esa doble lectura, la cuadragésima edición de la Cata del Vino Montilla-Moriles cerró ayer una convocatoria de especial carga simbólica: por un lado, con la satisfacción expresada por el Consejo Regulador, las bodegas y la hostelería participantes; por otro, con el debate abierto en torno a la representatividad, la participación y el modelo de promoción de una cita que, cuatro décadas después de su nacimiento, continúa ocupando un lugar central en la proyección pública de los vinos de Montilla-Moriles.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: AYUNTAMIENTO DE MONTILLA
FOTOGRAFÍA: AYUNTAMIENTO DE MONTILLA











































