La pluviometría acumulada en la Denominación de Origen Protegida (DOP) Montilla-Moriles ha experimentado este año un incremento excepcional que rompe la tendencia de las campañas anteriores y devuelve al viñedo unos niveles de humedad poco habituales en los últimos ejercicios.
Así se desprende del último boletín que ha hecho público el Aula de Viticultura del Consejo Regulador de la DOP Montilla-Moriles, que confirma un espectacular aumento de las lluvias acumuladas en la campaña 2025-2026, que alcanza los 687 litros por metro cuadrado en el casco urbano de Montilla —según los datos recogidos por Manuel Cruz— y los 703 litros por metro cuadrado que ha registrado la plataforma Todoviña en su almacén ubicado entre los términos municipales de Aguilar de la Frontera y Moriles.
Los registros recogidos entre el 1 de septiembre de 2025 y el 18 de febrero de 2026 reflejan cifras que prácticamente duplican las anotadas en los dos años previos, marcando un punto de inflexión en el comportamiento climático reciente.
En concreto, el pluviómetro situado en el casco urbano de Montilla, cuya referencia corresponde al conocido fotógrafo de naturaleza Manuel Cruz, contabiliza un total de 687 litros por metro cuadrado en el actual ciclo, frente a los 382 litros por metro cuadrado registrados en el periodo 2023-2024 y los 293 litros por metro cuadrado del intervalo 2024-2025.
De igual modo, los datos procedentes del almacén de Todoviña, ubicado entre Aguilar de la Frontera y Moriles, muestran una evolución similar, con 703 litros por metro cuadrado en la presente campaña, muy por encima de los 336 y 309 litros por metro cuadrado anotados en los dos ejercicios anteriores, respectivamente.
Con todo, tal y como recoge el boletín técnico, “a pesar de las lluvias abundantes, se observan orugas peludas en el viñedo, lindes y parcelas próximas, con una distribución muy irregular”, una circunstancia que obliga a extremar la vigilancia durante las próximas semanas.
En ese sentido, la ingeniera agrónoma Ángela Portero, responsable del Aula de Viticultura, señala que “se recomienda vigilar su evolución no solo en viñas, sino también en olivares con cubierta vegetal y cultivos colindantes”, especialmente en las primeras horas del día, cuando estos lepidópteros permanecen agrupados en sus nidos.
Además, el boletín detalla que el momento fenológico predominante en el viñedo se sitúa actualmente en la fase de yema de invierno, una etapa clave en la que el equilibrio hídrico resulta determinante para el desarrollo posterior de la planta. Este contexto, marcado por la abundancia de agua, obliga a los viticultores a prestar especial atención a la evolución de las cepas y a la posible incidencia de plagas.
Por otro lado, el boletín que emite la Agrupación de Producción Integrada (API), elaborado por el Aula de Viticultura del Consejo Regulador, incide en la importancia de realizar un seguimiento continuo de la presencia de estos lepidópteros que atacan a cultivos como las habas o la vid y que, de no atajarse a tiempo, son capaces de causar “auténticos estragos” en las plantaciones.
“Desde mediados de febrero hasta finales de marzo, se deben efectuar observaciones semanales para detectar la presencia de orugas y seguir la evolución y engorde de las yemas”, recomienda Ángela Portero, quien añade que “si se observa coincidencia entre orugas diseminadas y el desborre, se debe aplicar el control en toda la parcela y en las zonas adyacentes”.
Las colonias de oruga peluda son capaces de recorrer hasta 300 metros de distancia, permitiendo que, al año siguiente, “estén separadas y no compitan por el alimento”. En los últimos estadios del desarrollo, las orugas errantes se alimentan vorazmente y son las que dañan el viñedo por lo que, en su caso, es preferible acometer la destrucción de las colonias cuando están agrupadas. “En este momento, el control es más económico y tiene un menor impacto ambiental”, añaden desde el Aula de Viticultura.
En ese sentido, los expertos recomiendan recorrer las lindes de las viñas y terrenos aledaños “en las mañanas con rocío”, dado que las telarañas adquieren un característico color blanquecino y brillante que facilita su localización.
“Las colonias pueden destruirse con lamparillas o pisándolas, cuando aún son pequeñas, especialmente en viñedos ecológicos o en parcelas que tengan limitado el uso de productos químicos”, recalcan desde el máximo órgano de control de los vinos cordobeses.
Asimismo, el Aula de Viticultura recuerda la necesidad de extremar las precauciones durante los trabajos de poda, una labor esencial en estas fechas. En este sentido, el boletín recomienda respetar las corrientes de savia, evitar cortes de gran diámetro y proteger las heridas con productos autorizados, con el objetivo de preservar la salud de la planta y prevenir enfermedades de la madera.
Así se desprende del último boletín que ha hecho público el Aula de Viticultura del Consejo Regulador de la DOP Montilla-Moriles, que confirma un espectacular aumento de las lluvias acumuladas en la campaña 2025-2026, que alcanza los 687 litros por metro cuadrado en el casco urbano de Montilla —según los datos recogidos por Manuel Cruz— y los 703 litros por metro cuadrado que ha registrado la plataforma Todoviña en su almacén ubicado entre los términos municipales de Aguilar de la Frontera y Moriles.
Los registros recogidos entre el 1 de septiembre de 2025 y el 18 de febrero de 2026 reflejan cifras que prácticamente duplican las anotadas en los dos años previos, marcando un punto de inflexión en el comportamiento climático reciente.
En concreto, el pluviómetro situado en el casco urbano de Montilla, cuya referencia corresponde al conocido fotógrafo de naturaleza Manuel Cruz, contabiliza un total de 687 litros por metro cuadrado en el actual ciclo, frente a los 382 litros por metro cuadrado registrados en el periodo 2023-2024 y los 293 litros por metro cuadrado del intervalo 2024-2025.
De igual modo, los datos procedentes del almacén de Todoviña, ubicado entre Aguilar de la Frontera y Moriles, muestran una evolución similar, con 703 litros por metro cuadrado en la presente campaña, muy por encima de los 336 y 309 litros por metro cuadrado anotados en los dos ejercicios anteriores, respectivamente.
Con todo, tal y como recoge el boletín técnico, “a pesar de las lluvias abundantes, se observan orugas peludas en el viñedo, lindes y parcelas próximas, con una distribución muy irregular”, una circunstancia que obliga a extremar la vigilancia durante las próximas semanas.
En ese sentido, la ingeniera agrónoma Ángela Portero, responsable del Aula de Viticultura, señala que “se recomienda vigilar su evolución no solo en viñas, sino también en olivares con cubierta vegetal y cultivos colindantes”, especialmente en las primeras horas del día, cuando estos lepidópteros permanecen agrupados en sus nidos.
Además, el boletín detalla que el momento fenológico predominante en el viñedo se sitúa actualmente en la fase de yema de invierno, una etapa clave en la que el equilibrio hídrico resulta determinante para el desarrollo posterior de la planta. Este contexto, marcado por la abundancia de agua, obliga a los viticultores a prestar especial atención a la evolución de las cepas y a la posible incidencia de plagas.
Por otro lado, el boletín que emite la Agrupación de Producción Integrada (API), elaborado por el Aula de Viticultura del Consejo Regulador, incide en la importancia de realizar un seguimiento continuo de la presencia de estos lepidópteros que atacan a cultivos como las habas o la vid y que, de no atajarse a tiempo, son capaces de causar “auténticos estragos” en las plantaciones.
“Desde mediados de febrero hasta finales de marzo, se deben efectuar observaciones semanales para detectar la presencia de orugas y seguir la evolución y engorde de las yemas”, recomienda Ángela Portero, quien añade que “si se observa coincidencia entre orugas diseminadas y el desborre, se debe aplicar el control en toda la parcela y en las zonas adyacentes”.
Las colonias de oruga peluda son capaces de recorrer hasta 300 metros de distancia, permitiendo que, al año siguiente, “estén separadas y no compitan por el alimento”. En los últimos estadios del desarrollo, las orugas errantes se alimentan vorazmente y son las que dañan el viñedo por lo que, en su caso, es preferible acometer la destrucción de las colonias cuando están agrupadas. “En este momento, el control es más económico y tiene un menor impacto ambiental”, añaden desde el Aula de Viticultura.
En ese sentido, los expertos recomiendan recorrer las lindes de las viñas y terrenos aledaños “en las mañanas con rocío”, dado que las telarañas adquieren un característico color blanquecino y brillante que facilita su localización.
“Las colonias pueden destruirse con lamparillas o pisándolas, cuando aún son pequeñas, especialmente en viñedos ecológicos o en parcelas que tengan limitado el uso de productos químicos”, recalcan desde el máximo órgano de control de los vinos cordobeses.
Asimismo, el Aula de Viticultura recuerda la necesidad de extremar las precauciones durante los trabajos de poda, una labor esencial en estas fechas. En este sentido, el boletín recomienda respetar las corrientes de savia, evitar cortes de gran diámetro y proteger las heridas con productos autorizados, con el objetivo de preservar la salud de la planta y prevenir enfermedades de la madera.
JUAN PABLO BELLIDO / REDACCIÓN
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR
FOTOGRAFÍA: JOSÉ ANTONIO AGUILAR






































